La investigación estableció que entre 2016 y 2018 el condenado, quien no era familiar de la víctima, mantenía una relación de confianza y cercanía afectiva con ella y su grupo familiar. Aprovechándose de ese vínculo, realizó de manera reiterada acciones de significación sexual y tocaciones contra la menor al interior de un domicilio ubicado en el sector costero sur de la ciudad.
Durante el juicio, la fiscal Priscilla Silva acreditó que los hechos se producían en momentos en que la niña se encontraba durmiendo, estaba sin sus padres o mientras el acusado simulaba juegos con otros niños del grupo familiar. Además, el hombre la amenazó con hacerle lo mismo a su hermana y a una prima si revelaba lo ocurrido.
Los abusos se interrumpieron durante un periodo en que ambos dejaron de verse. Sin embargo, al volver a encontrarse, el acusado intentó nuevamente realizarle tocaciones, episodio que provocó una importante afectación emocional en la víctima.
Fue durante 2023 cuando la niña reveló lo sucedido en su establecimiento educacional. Tras conocerse los antecedentes, su madre presentó una denuncia ante la Policía de Investigaciones (PDI), dando paso a la investigación del caso.
Para acreditar los hechos, la Fiscalía Local de Iquique presentó durante el juicio los testimonios de la víctima, familiares cercanos y la inspectora que recibió su relato, además de la declaración de un funcionario de la Brigada Investigadora de Delitos Sexuales de la PDI encargado de dar cuenta de las diligencias realizadas.
También declaró un psicólogo del Centro de Atención a Víctimas, quien abordó el proceso terapéutico y las secuelas sufridas por la niña, entre ellas un trastorno por estrés postraumático y sintomatología depresiva.
Con los antecedentes presentados durante el juicio, el tribunal condenó al acusado como autor del delito consumado de abuso sexual reiterado cometido contra una persona menor de 14 años, imponiéndole una pena de 10 años y un día de presidio.